Cementerio de Redacciones
1 de Octubre de 2009
Este trabajo está destinado a entender al fumador cómo una consecuencia de la promoción del tabaco. Intenta poner en el rol de culpable al marketing mal utilizado o, mejor dicho, utilizado por “las fuerzas del mal”; lo que en este trabajo se llamará como “promoción de la enfermedad”.
“La adicción al tabaco es una enfermedad transmisible: se transmite a través de la publicidad, los deportes, el marketing y el patrocinio. Las prohibiciones de anuncios publicitarios del tabaco protegen a las personas, especialmente a los jóvenes. Atraídos en grandes cantidades por el brillo y la magia del marketing del tabaco, que vende un producto mortal como sinónimo de libertad y moda, entre 80.000 y 99.000 niños y adolescentes en el mundo consumen tabaco diariamente”.
Organización Mundial de la Salud (1)
Siendo la publicidad, los deportes, el marketing y el patrocinio herramientas claves para vender cualquier producto las tabacaleras dedican gran parte de sus fondos a estos fines. Esto queda evidenciado por el estudio realizado por los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta donde indica que en el año 2003 las tabacaleras invirtieron 15,2 billones de dólares en estas herramientas (2). Tremenda inversión sólo advierte una cosa, LA PROMOCIÓN (ya sea para la enfermedad o para la salud) NO PUEDE PASAR INADVERTIDA.
Cada año millones de fumadores mueren y esto hace que las industrias tabacaleras dediquen especial atención a la captura de nuevos consumidores. Diversos estudios realizados revelan que la mayoría de los fumadores comienzan con el hábito antes de los 18 años, por lo cual estas empresas ponen en juego toda su artillería (directa o indirectamente) ante este grupo etario (3), aunque sólo refiera dirigirla a los ya consumidores y adultos.
“Las víctimas principales del inconsciente colectivo son los individuos con tendencia a la depresión y baja autoestima, así como los colectivos con una personalidad aún sin formar, es decir, los jóvenes y los niños” (4). Lo interesante es creer que a pesar de todo esto uno todavía cree que está eligiendo por sí mismo cuando decide fumar. Estas industrias juegan con las necesidades de ser y de pertenecer de los jóvenes y la combinan con su valor agregado, el consumo de tabaco. No nos debería sorprender la cantidad de fumadores que hoy en día existen si las tabacaleras dedican tantos fondos y esmero a las herramientas por las cuales se transmite esta enfermedad. La relación entre lo que hoy por hoy es la promoción de la salud comparado con lo que es la promoción para la enfermedad debería concientizar al gobierno y al sistema de salud en cuanto a la forma de contrarrestar todo el “circo” publicitario tabacalero y la forma en la que utiliza sus fondos destinados a la “salud”.
De acuerdo con el pensamiento de Ernst Ditcher “…el objetivo de la publicidad es fabricar mentes”. Y en perspectiva con los patrones seguidos en los últimos años, ¿Qué tipo de mentes cree usted que están construyendo? Mentes de consumo, mentes enfermas, mentes que no tienen la capacidad de crear sus propios pensamientos y que, ayudado por otros problemas como la deserción escolar, fallas en el sistema educativo, pobreza, marginación y demás; no gozan del más preciado don que en última instancia lo pueden salvar de cualquier campaña marketinera acosadora… el juicio crítico.
Teniendo cómo medio el marketing, las tabacaleras y demás empresas enemigas de la salud se encargan de ir imponiendo sus productos y sus estilos de vida desde la más temprana infancia. La pregunta que surge después de haber investigado no es ¿Por qué hay tantos jóvenes que “elijen” fumar hoy en día? Sino ¿Por qué hay jóvenes que todavía no lo han “elegido”?
Si estas empresas ponen todas o por lo menos la gran mayoría de las opciones de consumo de nuestro entorno, ¿cómo esperamos entonces que la gente no los elija?
Cómo puede ser que se permitan propagandas, anuncios, auspicios, e incluso el mismo ingreso al mercado de productos que son VENENOS para la salud de cada persona en forma individual y colectiva. A su vez, no se puede dejar de resaltar la habilidad con la cual las tabacaleras venden esos venenos; y para ejemplificar un poco más esto se pondrá una analogía.
Suponiendo que en el mundo hay únicamente 2 materias primas llamadas: SALUD Y ENFERMEDAD, obviamente los cigarrillos estarían hechos de ENFERMEDAD. Ahora bien, ¿Cómo hace usted para vender el peor producto, con las peores referencias e incluso con restricciones en su consumo a la sociedad mundial? Viéndolo desde esta perspectiva se dará cuenta que lo que está haciendo el marketing tabacalero es verdaderamente un milagro. Algo totalmente inverosímil que nos toca vivir día a día en una sociedad de muchos contrastes y donde ni siquiera una pequeña minoría tiene la capacidad de elegir por sí misma. Siguiendo con esta perspectiva se podría decir que si hago un producto con la materia prima SALUD, mi producto será el mejor, el de mejores referencias, el que tenga mayor aprobación, el que realmente haga sentir bien y contribuya a su bienestar. Con semejante presentación ¿Quién se resistiría?
Es totalmente increíble cómo la oferta masiva y multinacional se ha aliado a la enfermedad y no así a la salud. Es totalmente increíble cómo todavía no se trabaja a nivel masivo e internacional con las mismas herramientas con las que trabaja la competencia.
Marketing tabacalero
Según las propias tabacaleras el marketing que realizan está destinado a simplemente fomentar la lealtad por una marca o para seducir a los actuales fumadores a cambiar de marca. Esto ha sido refutado por organismos de investigación que confirman que la publicidad y las actividades de promoción del tabaco incrementan la iniciación en el consumo de tabaco.
Hay pruebas fehacientes de que la prohibición total de la publicidad, la promoción y el patrocinio del tabaco conllevan a una disminución importante del consumo de cigarrillos y otros productos de tabaco. Se realizaron investigación, entre los años 1970 y 1992 en 22 países, que determinaron que las prohibiciones totales pueden reducir el consumo en 6,3%. Un estudio en el cual participaron 30 países en vías de desarrollo realizado entre 1990 y 2005 demostró que las prohibiciones totales lograron una reducción del 23,5% del consumo por persona. (5)
El producto siguió siendo igual… ¿Qué cambió para que se produjese la disminución del consumo? Aquí queda demostrado, una vez más, la importancia del marketing como una herramienta primaria del sistema de salud.
Opinión personal
No se puede menospreciar la importancia del marketing sobre nuestras vidas cotidianas. Tengo la imagen de una mesa redonda en la cual se sientan personas mundialmente poderosas y deciden que comeremos y beberemos hoy, cuales serán nuestros vicios y diversiones. Lo peor de todo es que en esa mesa redonda no hay ningún representante mundial de la salud y por ende sólo se comercia y vende (masivamente) algo que no es precisamente salud.
¿Cómo cambiarían los estilos de vida del mundo si el marketing estuviese utilizado del “lado del bien”?
BIBLIOGRAFIA
1. http://www.who.int/inf-pr-2000/en/pr2000-64.html
2. http://www.cdc.gov
3. Cheryl Perry, "The Tobacco Industry and Underage Youth Smoking: Tobacco Industry Documents From the Minnesota Litigation," Archives of Pediatric and Adolescent Medicine, 1999;153:935-941.
4. Angueira Marta, Blanco Adriana, Pitarque Raúl, “Estrategias comunicacionales de la industria tabacalera en el Río de la Plata: jóvenes en riesgo”, 2006; 26.
5. http://www.tobaccofreecenter.org/files/pdfs/es/APS_industry_arguments_es.pdf
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No soy el unico loco:
martes, 11 de octubre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
REDIRECCIÓN DE EXIGENCIAS
(Artículo publicado en la revista estudiantil "VOS Y VOTO, Sólo para estudiantes" de la Escuela Superior de Ciencias de la Salud dependiente de la UNICEN)
No exijas lo que no estás dispuesto a dar de ti mismo.
¿Cuántas veces nos hemos enterado al llegar a la facultad que no teníamos clase ese día? Por no mencionar a los que tuvieron que viajar para asistir a la misma. ¿Cuántas veces hemos estado esperando al profesor hasta resignarnos a firmar la hoja e irnos?
Tal es la situación en ciertos casos que damos por sentado que no vamos a tener clase determinados días.
¿Cuántas veces hemos tenido que esperar semanas y semanas por notas de exámenes sin tener respuestas de los profesores a cargo?
¿Cuántas veces nos han perdido los exámenes?
¿Cuántas veces hemos tenido que aguantar comentarios ofensivos?
A veces me pongo a pensar qué pasaría si las reglas que los profesores pretenden nosotros cumplamos se aplicasen a ellos también…
Si nosotros no vamos a una clase o llegamos tarde nos ponen falta o media falta. Estas se acumulan y después nos pesa en la regularidad.
Y que ni se le vaya a ocurrir a un familiar tener un accidente el día del plenario porque con una sola falta se te arruina el promedio y después no te dan los números.
Si llegamos tarde o nos ausentamos por una razón válida tenemos que presentar certificado lo antes posible de lo contrario perdemos el derecho a que nos justifiquen. Ahora bien si el docente falta o llega tarde hay que decirle a la secretaria que lo llame a ver si va a venir o nos tenemos que ir.
Parece mentira pero hoy en día, en la era de las comunicaciones, hay que utilizar el GPS para localizar a ciertos profesores o bien incursionar en la adivinación para ver si tenemos o no clases.
Creo que alguien mínimamente educado si va a llegar tarde o va a faltar tiene que avisar a las personas que se verán afectadas lo antes posible; o al menos disculparse. De lo contrario estaría faltándoles el respeto.
¿Es mucho pedir un llamado reportando algún percance?
¿Qué pasaría si diésemos vuelta los roles? ¿Qué pasaría si nosotros empezáramos a evaluar a los profesores teniendo en cuenta sus conocimientos, actitudes y pedagogía?
Me parece que así como tantas veces hemos tenido que escucharlos hablar de los grandes defectos del estudiante de hoy tendríamos que darles un sermón a ellos.
Obviamente que no pretendo destruir al cuerpo docente pero si hacer una crítica real sobre la realidad que siempre vemos pero también callamos. Por otro lado, nadie dice que todos los profesores son iguales pero lamentablemente el acatamiento a la ética así lo dispone.
El proceso enseñanza-aprendizaje que nuestra facultad propone es un juego de ida y vuelta donde tanto el alumno como el profesor aprenden mutuamente.
El profesor por ser profesor no tiene derecho de faltarnos el respeto ni tampoco es más ser humano que nosotros.
Siempre he creído que el que exige debe estar a la altura de lo que exige de lo contrario la figura dominante pierde credibilidad, autoridad e incluso prestigio.
Creo que como alumnos tenemos que hacer respetar nuestros derechos así como también debemos respetar el de los profesores. Y hacer de esto un lenguaje recíproco en el cual todos salgamos beneficiados.
No exijas lo que no estás dispuesto a dar de ti mismo.
¿Cuántas veces nos hemos enterado al llegar a la facultad que no teníamos clase ese día? Por no mencionar a los que tuvieron que viajar para asistir a la misma. ¿Cuántas veces hemos estado esperando al profesor hasta resignarnos a firmar la hoja e irnos?
Tal es la situación en ciertos casos que damos por sentado que no vamos a tener clase determinados días.
¿Cuántas veces hemos tenido que esperar semanas y semanas por notas de exámenes sin tener respuestas de los profesores a cargo?
¿Cuántas veces nos han perdido los exámenes?
¿Cuántas veces hemos tenido que aguantar comentarios ofensivos?
A veces me pongo a pensar qué pasaría si las reglas que los profesores pretenden nosotros cumplamos se aplicasen a ellos también…
Si nosotros no vamos a una clase o llegamos tarde nos ponen falta o media falta. Estas se acumulan y después nos pesa en la regularidad.
Y que ni se le vaya a ocurrir a un familiar tener un accidente el día del plenario porque con una sola falta se te arruina el promedio y después no te dan los números.
Si llegamos tarde o nos ausentamos por una razón válida tenemos que presentar certificado lo antes posible de lo contrario perdemos el derecho a que nos justifiquen. Ahora bien si el docente falta o llega tarde hay que decirle a la secretaria que lo llame a ver si va a venir o nos tenemos que ir.
Parece mentira pero hoy en día, en la era de las comunicaciones, hay que utilizar el GPS para localizar a ciertos profesores o bien incursionar en la adivinación para ver si tenemos o no clases.
Creo que alguien mínimamente educado si va a llegar tarde o va a faltar tiene que avisar a las personas que se verán afectadas lo antes posible; o al menos disculparse. De lo contrario estaría faltándoles el respeto.
¿Es mucho pedir un llamado reportando algún percance?
¿Qué pasaría si diésemos vuelta los roles? ¿Qué pasaría si nosotros empezáramos a evaluar a los profesores teniendo en cuenta sus conocimientos, actitudes y pedagogía?
Me parece que así como tantas veces hemos tenido que escucharlos hablar de los grandes defectos del estudiante de hoy tendríamos que darles un sermón a ellos.
Obviamente que no pretendo destruir al cuerpo docente pero si hacer una crítica real sobre la realidad que siempre vemos pero también callamos. Por otro lado, nadie dice que todos los profesores son iguales pero lamentablemente el acatamiento a la ética así lo dispone.
El proceso enseñanza-aprendizaje que nuestra facultad propone es un juego de ida y vuelta donde tanto el alumno como el profesor aprenden mutuamente.
El profesor por ser profesor no tiene derecho de faltarnos el respeto ni tampoco es más ser humano que nosotros.
Siempre he creído que el que exige debe estar a la altura de lo que exige de lo contrario la figura dominante pierde credibilidad, autoridad e incluso prestigio.
Creo que como alumnos tenemos que hacer respetar nuestros derechos así como también debemos respetar el de los profesores. Y hacer de esto un lenguaje recíproco en el cual todos salgamos beneficiados.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
TODOS DICEN
Pocos son los que hacen, no así los que critican.
Siempre tratamos de evaluar lo que pasa alrededor y con el tiempo adquirimos herramientas para ganar objetividad y realismo. Es evidente que en la realidad diaria esto último no pasa tan frecuentemente y es así como se terminan escuchando críticas cada vez más infantiles, descontextualizadas y propias de la ignorancia.
Me parece que lo que hace interesante a una crítica es el fundamente que la sostiene y el detonante concreto que la motivó. Lo que le da realidad es el hecho de ponerse en el lugar del otro y tratar de pensar una mejor forma de proceder. Así, la crítica constructiva inevitablemente se acompaña de sugerencias e incluso ayudas.
Por mi parte, yo no me atrevería a evaluar despectivamente algo en lo cual no estoy interiorizado.
Por otro lado creo que a la hora de hacer algo es bueno tener en cuenta que difícilmente se dejará a todos contentos. La opinión pública se caracteriza por la diversidad y siempre habrá gente a favor como gente en contra.
Así que llego a la conclusión que ante el imposible de la conformidad pública tengo que aspirar a mi propio contento… que en mi caso no es nada fácil.
Más vale contento yo que todo el resto, porque en realidad el resto nunca lo estará. Me parece que si busco la aprobación de todos lo mejor será no hacer nada.
Entonces: a críticas infantiles, fuera de lugar y basadas en la ignorancia oídos sordos.
Siempre tratamos de evaluar lo que pasa alrededor y con el tiempo adquirimos herramientas para ganar objetividad y realismo. Es evidente que en la realidad diaria esto último no pasa tan frecuentemente y es así como se terminan escuchando críticas cada vez más infantiles, descontextualizadas y propias de la ignorancia.
Me parece que lo que hace interesante a una crítica es el fundamente que la sostiene y el detonante concreto que la motivó. Lo que le da realidad es el hecho de ponerse en el lugar del otro y tratar de pensar una mejor forma de proceder. Así, la crítica constructiva inevitablemente se acompaña de sugerencias e incluso ayudas.
Por mi parte, yo no me atrevería a evaluar despectivamente algo en lo cual no estoy interiorizado.
Por otro lado creo que a la hora de hacer algo es bueno tener en cuenta que difícilmente se dejará a todos contentos. La opinión pública se caracteriza por la diversidad y siempre habrá gente a favor como gente en contra.
Así que llego a la conclusión que ante el imposible de la conformidad pública tengo que aspirar a mi propio contento… que en mi caso no es nada fácil.
Más vale contento yo que todo el resto, porque en realidad el resto nunca lo estará. Me parece que si busco la aprobación de todos lo mejor será no hacer nada.
Entonces: a críticas infantiles, fuera de lugar y basadas en la ignorancia oídos sordos.
sábado, 17 de septiembre de 2011
MUERTO VS. DEGOLLADO
(Artículo publicado en la revista estudiantil "VOS Y VOTO, Sólo para estudiantes" de la Escuela Superior de Ciencias de la Salud dependiente de la UNICEN)
Que no esté probado científicamente no significa que no sea cierto.
La implementación de nuevos ejes temáticos al currículo facultativo trajo a las clases muchos temas que abrieron el debate. El famoso “mal de ojo”, el “empacho”, las curaciones milagrosas y demás cuestiones folklóricas fueron centro de discusión.
Desde ya que por un mínimo de orgullo médico tendemos a desacreditar esas prácticas que lejos están de la garantía científica. ¡Pobre aquella gente que no sigue a la ciencia y se deja sacar plata por los curanderos mentirosos! Y ni hablar de las épocas que estudiamos en Historia donde la gente era tan ingenua que solo creía y obedecía lo que la Iglesia decía Dios mandaba por miedo al castigo.
Parece mentira pero hoy en día hay personas que todavía creen en milagros, van a curanderos e incluso a “médicos” que les clavan agujas en el cuerpo. Evidentemente la gente está loca ¡Gracias a la Ciencia estamos de su lado!
A veces me pregunto hasta cuándo es prudente esperar a que la ciencia verifique prácticas comunes y nos deje participar de ellas. Tal vez sería bueno que la ciencia se acerque a la comunidad y se adapte a sus prácticas de modo tal que las verifique y utilice en favor público. Ahora bien, si tal es nuestra devoción por lo científico, ¿Por qué nosotros mismos no nos proponemos comprobarlas? Tal vez más de uno nos llevaríamos alguna sorpresa.
¿Qué pasaría si algún día la ciencia prueba que sí son procedimientos válidos? ¿Tenemos que esperar hasta ese entonces para recibir algún posible beneficio? ¿Qué se perdería o comprometería si alguna vez las probáramos sin el previo consentimiento científico? ¿Seríamos menos médicos? ¿Perderíamos profesionalismo?
En Historia siempre nos reímos de cómo las generaciones pasadas obedecían lo que la Iglesia Católica decía Dios exigía sin pedir explicaciones ni fundamentos lógicos. A veces me pregunto cuánto más racionales estamos siendo nosotros. Incluso llego a la conclusión de que en cierto punto terminamos personificando las mismas características que nos causan tanta gracia.
Si la Iglesia Católica afirmaba que la Biblia decía tal o cual cosa nadie lo ponía en duda y el que osaba con hacerlo era un hereje y candidato a la hoguera. Hoy en día si no tiene el sello de “está científicamente comprobado” es considerado una mentira que le saca plata a la gente y el que recurre a ellas es un pobre crédulo e iluso. Los católicos en esa época era fanáticos ciegos por lo que la Iglesia decía y nosotros somos fanáticos ciegos por lo que la ciencia prueba o deja de probar.
Si la ciencia lo dice es palabra santa y tal vez ni nos preocupamos por conocer y entender los fundamentos que la sostienen. Es como que creemos por fe en la ciencia y eso nos alcanza. Pero claro, pobres idiotas los cristianos que creen por fe en algo que no ven ni se puede probar y pobres inocentes las personas que creen en las medicinas alternativas (por no decir truchas).
En mi opinión, si no sabemos el mecanismo por el cual un determinado artefacto funciona y lo usamos, ponemos en práctica nuestra fe en todo el sistema de venta y creemos que nos funcionará a nosotros también. Podría decir entonces que cuando me compro un celular nuevo confío en la empresa más allá de que no tenga idea de las razones científicas que hacen posible dicho aparato.
No me atrevería a levantar juicios de valores con respecto a si los curanderos son personas interesadas en sacarle plata a la gente ya que la propia comunidad médica lejos está de caracterizarse por lo contrario. Por otro lado, ¿Hay algún trabajo exento de gente mal intencionada?
Sería bueno tener en cuenta que el común de la gente confía ciegamente en cualquier forma de medicina alternativa así como también lo hace en el “está científicamente comprobado” ya que los mismos médicos nunca tenemos el tiempo suficiente para explicarle el fundamento apropiadamente. Entonces creo que no deberíamos mofarnos de la fe de la gente ya que es a la cual apelamos en nuestra práctica médica diaria.
Obvio que el fin de la nota no es el de destruir la credibilidad de la ciencia pero si me gustaría sacarla del podio incuestionable en el cual diariamente la ponemos.
Tal vez en unos años cuando miremos al pasado digamos: -¡Éramos unos ignorantes! Usábamos celulares todo el día y no nos dábamos cuenta de que nos quemaba el cerebro. Tal vez en ese entonces seamos capaces de evaluar objetivamente a la ciencia actual así como hoy miramos hacia atrás y vemos que en el nombre de la ciencia se han dicho grandes barbaridades.
Entonces me pregunto: ¿Hace falta estar en el futuro para permitirnos dudar objetivamente incluso de la ciencia misma?
Que no esté probado científicamente no significa que no sea cierto.
La implementación de nuevos ejes temáticos al currículo facultativo trajo a las clases muchos temas que abrieron el debate. El famoso “mal de ojo”, el “empacho”, las curaciones milagrosas y demás cuestiones folklóricas fueron centro de discusión.
Desde ya que por un mínimo de orgullo médico tendemos a desacreditar esas prácticas que lejos están de la garantía científica. ¡Pobre aquella gente que no sigue a la ciencia y se deja sacar plata por los curanderos mentirosos! Y ni hablar de las épocas que estudiamos en Historia donde la gente era tan ingenua que solo creía y obedecía lo que la Iglesia decía Dios mandaba por miedo al castigo.
Parece mentira pero hoy en día hay personas que todavía creen en milagros, van a curanderos e incluso a “médicos” que les clavan agujas en el cuerpo. Evidentemente la gente está loca ¡Gracias a la Ciencia estamos de su lado!
A veces me pregunto hasta cuándo es prudente esperar a que la ciencia verifique prácticas comunes y nos deje participar de ellas. Tal vez sería bueno que la ciencia se acerque a la comunidad y se adapte a sus prácticas de modo tal que las verifique y utilice en favor público. Ahora bien, si tal es nuestra devoción por lo científico, ¿Por qué nosotros mismos no nos proponemos comprobarlas? Tal vez más de uno nos llevaríamos alguna sorpresa.
¿Qué pasaría si algún día la ciencia prueba que sí son procedimientos válidos? ¿Tenemos que esperar hasta ese entonces para recibir algún posible beneficio? ¿Qué se perdería o comprometería si alguna vez las probáramos sin el previo consentimiento científico? ¿Seríamos menos médicos? ¿Perderíamos profesionalismo?
En Historia siempre nos reímos de cómo las generaciones pasadas obedecían lo que la Iglesia Católica decía Dios exigía sin pedir explicaciones ni fundamentos lógicos. A veces me pregunto cuánto más racionales estamos siendo nosotros. Incluso llego a la conclusión de que en cierto punto terminamos personificando las mismas características que nos causan tanta gracia.
Si la Iglesia Católica afirmaba que la Biblia decía tal o cual cosa nadie lo ponía en duda y el que osaba con hacerlo era un hereje y candidato a la hoguera. Hoy en día si no tiene el sello de “está científicamente comprobado” es considerado una mentira que le saca plata a la gente y el que recurre a ellas es un pobre crédulo e iluso. Los católicos en esa época era fanáticos ciegos por lo que la Iglesia decía y nosotros somos fanáticos ciegos por lo que la ciencia prueba o deja de probar.
Si la ciencia lo dice es palabra santa y tal vez ni nos preocupamos por conocer y entender los fundamentos que la sostienen. Es como que creemos por fe en la ciencia y eso nos alcanza. Pero claro, pobres idiotas los cristianos que creen por fe en algo que no ven ni se puede probar y pobres inocentes las personas que creen en las medicinas alternativas (por no decir truchas).
En mi opinión, si no sabemos el mecanismo por el cual un determinado artefacto funciona y lo usamos, ponemos en práctica nuestra fe en todo el sistema de venta y creemos que nos funcionará a nosotros también. Podría decir entonces que cuando me compro un celular nuevo confío en la empresa más allá de que no tenga idea de las razones científicas que hacen posible dicho aparato.
No me atrevería a levantar juicios de valores con respecto a si los curanderos son personas interesadas en sacarle plata a la gente ya que la propia comunidad médica lejos está de caracterizarse por lo contrario. Por otro lado, ¿Hay algún trabajo exento de gente mal intencionada?
Sería bueno tener en cuenta que el común de la gente confía ciegamente en cualquier forma de medicina alternativa así como también lo hace en el “está científicamente comprobado” ya que los mismos médicos nunca tenemos el tiempo suficiente para explicarle el fundamento apropiadamente. Entonces creo que no deberíamos mofarnos de la fe de la gente ya que es a la cual apelamos en nuestra práctica médica diaria.
Obvio que el fin de la nota no es el de destruir la credibilidad de la ciencia pero si me gustaría sacarla del podio incuestionable en el cual diariamente la ponemos.
Tal vez en unos años cuando miremos al pasado digamos: -¡Éramos unos ignorantes! Usábamos celulares todo el día y no nos dábamos cuenta de que nos quemaba el cerebro. Tal vez en ese entonces seamos capaces de evaluar objetivamente a la ciencia actual así como hoy miramos hacia atrás y vemos que en el nombre de la ciencia se han dicho grandes barbaridades.
Entonces me pregunto: ¿Hace falta estar en el futuro para permitirnos dudar objetivamente incluso de la ciencia misma?
miércoles, 20 de julio de 2011
INTERDISCIPLINA MÉDICA
Si hubiese médicos que hiciesen publicidad, el mundo estaría empapelado de propagandas pro salud.
Si hubiese médicos que hiciesen empresas de alimentos, las góndolas en el supermercado estarían llenas de productos saludables.
Si hubiese médicos que diseñaran indumentaria, la vestimenta se adecuaría al cuerpo de la persona y no provocaría trastornos en la persona por entrar en ella.
Si hubiese médicos que gestionaran medios de comunicación, estos sanarían a la sociedad en vez de enfermarla. El horario de protección al menos no se confundiría con un horario con licencia para pasar pornografía, los chicos verían dibujitos sin violencia y adecuados para su edad, no se vendería impunemente la obsesión por lo físico, la moda y el sexo y tantas otras cosas.
Si hubiese médicos que supiesen de sociología el alcohol, las drogas y el tabaco no estarían de moda y sí lo estarían los hábitos saludables.
Si hubiese médicos que hiciesen política, la ley ampararía las prácticas saludables y penalizaría a sus distractores (tabacaleras, etc.).
Si hubiese médicos que hicieran música, esta no apelaría a degradar nuestras conductas sino a mejorarlas y elevarnos.
SI HUBIESE MÉDICOS QUE HICIESEN OTRA COSA QUE NO SEA MEDICINA EL MUNDO SERÍA MÁS SALUDABLE.
Si hubiese médicos que hiciesen empresas de alimentos, las góndolas en el supermercado estarían llenas de productos saludables.
Si hubiese médicos que diseñaran indumentaria, la vestimenta se adecuaría al cuerpo de la persona y no provocaría trastornos en la persona por entrar en ella.
Si hubiese médicos que gestionaran medios de comunicación, estos sanarían a la sociedad en vez de enfermarla. El horario de protección al menos no se confundiría con un horario con licencia para pasar pornografía, los chicos verían dibujitos sin violencia y adecuados para su edad, no se vendería impunemente la obsesión por lo físico, la moda y el sexo y tantas otras cosas.
Si hubiese médicos que supiesen de sociología el alcohol, las drogas y el tabaco no estarían de moda y sí lo estarían los hábitos saludables.
Si hubiese médicos que hiciesen política, la ley ampararía las prácticas saludables y penalizaría a sus distractores (tabacaleras, etc.).
Si hubiese médicos que hicieran música, esta no apelaría a degradar nuestras conductas sino a mejorarlas y elevarnos.
SI HUBIESE MÉDICOS QUE HICIESEN OTRA COSA QUE NO SEA MEDICINA EL MUNDO SERÍA MÁS SALUDABLE.
viernes, 1 de julio de 2011
ETIQUETAMIENTO
A la hora de juzgar situaciones o posturas determinadas es difícil marcar la diferencia entre la crítica hacia la persona y la crítica hacia el asunto evaluado. Esto propicia malos entendidos, la confusión entre asuntos personales y el tema en cuestión (se pierde objetividad) y ofensas.
A grandes rasgos la diferencia es mínima pero entenderla nos otorga madurez a la hora de recibir críticas y herramientas para mejorar a partir de ellas.
Es importante saber que la crítica constructiva se fundamenta en evaluar acciones y no en juicio de valores personalizados.
En mi opinión nadie es algo absoluto sino que realiza un conjunto de acciones, que le adjudican cierta tendencia, que pueden ser clasificadas en diferentes adjetivos. También podría decir que todos somos cierta característica en mayor o menor medida que otro, es decir, nadie tiene derecho de criticar más que una mera acción sin correr el riesgo del auto insulto.
Nadie es “malo” o “bueno” sino que tiene un conjunto de características que subjetivamente cada uno clasifica como buenas o malas; y obviamente esas características se ven reflejadas en acciones del día a día. Lo más concreto son las acciones y lo más subjetivo el juicio de valores (“bueno” o “malo”). Las características (amable, mentiroso, etc.) sólo tienen validez cuando son fundamentadas con acciones reales.
En general, tendemos a empezar con los juicios de valores, fundamentarnos en las características y olvidarnos de lo más concreto que solidifica la estructura crítica.
Al hacer una crítica constructiva es bueno tener presente la diferencia entre evaluar a la persona y evaluar a sus acciones. Según esto nadie es egoísta sino que tiene actitudes propias del egoísmo. De esta forma se puede suprimir gran parte del ataque interpersonal que provoca este tipo de confrontaciones.
Por otro lado, las personas van cambiando y así también deberían ir cambiando nuestras opiniones. Esto es importante para mantenernos exentos de caer en opiniones cerradas.
Hay que recordar que una característica no quita a la otra. Nunca olvidemos objetivar lo más posible nuestros juicios; de lo contrario veríamos algo que no nos gusta y simplemente tacharíamos a esa persona, y así nos privaríamos de todas sus demás facetas.
Lejos quiero mantenerme de realizar juicios que sub o sobrestimen a los demás y de, evaluando características de las cuales yo no estoy exento, escupir al techo y sentir como el escupitajo me cae en la cara.
IGNORANCIA IMPUNE
La aceptación, celebración y posterior práctica de la ignorancia pareciera no tener límites. Todos los días veo a gente “inteligente” que se deja llevar por lo que suponen las apariencias dicen. Lo que más me molesta de ellas es que se atreven a juzgar y hasta subestimar a personas que no cumplen con sus patéticos parámetros de normalidad.
Incoherentemente señalan a la superficialidad cuando ellos mismos la utilizan como un parámetro de evaluación “válido” para subestimar.
Basado en esto digo que no estoy dispuesto a rebajarme al nivel de tal incoherencia y aceptar críticas de personas que no se atreven a conocerme en profundidad. No acepto juicios basados en suposiciones infantiles, subjetividades no fundamentadas, ideas inventadas o la misma ignorancia.
Incoherentemente señalan a la superficialidad cuando ellos mismos la utilizan como un parámetro de evaluación “válido” para subestimar.
Basado en esto digo que no estoy dispuesto a rebajarme al nivel de tal incoherencia y aceptar críticas de personas que no se atreven a conocerme en profundidad. No acepto juicios basados en suposiciones infantiles, subjetividades no fundamentadas, ideas inventadas o la misma ignorancia.
viernes, 6 de mayo de 2011
DIVINA RAZÓN
¿Qué criterio usamos para evaluar lo que nosotros creemos Dios hace o deja de hacer? ¿Según qué parámetros Dios no es razonable?
-“Si Dios existiera no habría niños desnutridos muriéndose en África” (nota: como si no los hubiera en nuestro propio país).
Es cada vez más evidente la miseria del hombre a la hora de pensar. Nuevamente reafirmo el concepto de que, en líneas generales, el conocimiento no funciona antagónicamente.
Si yo decido pegarle un golpe a la persona que dijo la frase del párrafo anterior ¿Qué probaría?; que no existe una persona que lo defienda o sería prueba de mi existencia.
Que haya niños desnutridos muriéndose en donde sea es prueba de que Dios no existe o es evidencia de las malas administraciones sociales o políticas, de la misma ignorancia, de la falta de previsión o de un sin número de factores que comúnmente se abrevian.
Si Dios viniese y solucionara todos los problemas que tenemos o nos impidiese hacer algo erróneo (pero que en ese momento no le vemos como tal), sería tachado de dictador o malo por no dejarnos hacer las cosas que nosotros queremos.
Todos tratamos de buscar culpables para sacarnos la culpa de encima ¿Saben quién es el culpable de que haya niños muriéndose en condiciones infrahumanas en todo el mundo? Nuestra raza “tan evolucionada”.
Lamentablemente a lo largo de la historia mundial, Dios ha sido sinónimo de iglesia y religión; a lo cual refuto diciendo que los seres humanos y cualquier institución humana jamás podrá representar la perfección ya que nosotros mismos no lo somos. Entonces puedo decir que lo que diga la iglesia “X” no es necesariamente sinónimo de “Dios dice”.
En el nombre de Dios se han cometido los peores crímenes, injusticias, violaciones a los derechos individuales y atentados al saber. Pero… ¿Quién dice que Dios estaba de acuerdo con estos?
Me parece que Dios ha tenido los peores representantes. Y esto ha provocado que se lo señale a Él por los errores de los seres y entidades humanas que lo representaban y siguen representando.
El que dice que Dios es injusto e irrazonable lo desafío a encontrar algo de esas características en la Biblia (la máxima revelación que tenemos de Él). Lo que sí es cierto es que “Dios dice” es sinónimo de “escrito está en la Biblia”. Con lo cual no tenemos más que leerla para conocerlo e identificar las incongruencias existentes entre lo que las religiones e iglesias dicen de Dios y lo que la Biblia realmente manifiesta.
Yo creo que la misma fuente primaria del saber, en la cual el conocimiento está en su estado más puro y relacionado interdisciplinariamente, es Dios. Dios (no la iglesia ni la religión) es la ciencia viva y final.
Dios ve el principio desde el final, ¿Cómo va a ser irrazonable? Su omnipotencia y estándares de lógica y razón son tan elevados que a veces no podemos llegar a comprenderlos o seguirlos ¿El hecho de no entenderlo significa que está equivocado?
Para aclarar un poco esto último voy a introducir una analogía: ¿Cómo haría un animal para entender lo que nosotros hacemos? ¿Cómo haríamos nosotros para explicarle a un perro por qué es importante que lo vacunemos? Si tuviésemos que explicarle el por qué para que lo entienda estaríamos toda la vida intentándolo y así nunca conseguiríamos su consentimiento para hacerlo.
Algo similar ocurre en la relación entre Dios y los seres humanos. Pero la diferencia es que, si bien estamos limitados por nuestros sentidos y aislados por nuestros procesos mentales, en esta relación Dios nos dotó con las facultades necesarias para hacer uso de la razón. Por eso propongo que investiguemos y pongamos a prueba la Biblia a ver que descubrimos.
Como autoproclamado defensor mundial de los intereses divinos les digo lo siguiente: ¡Al que dice que Dios no es razonable lo reto a que lo pruebe! Lo invito a que no se cierre sino que se abra al conocimiento que produce la investigación interdisciplinaria y lo insto a que haga uso de sus dudas y las utilice para llegar a la verdad (sea cual sea).
La famosa frase “El que tenga oídos para oír que oiga” (Mat. 13:9) habla justamente de esto, parafraseándola digo: al que le interese y esté abierto a la verdad que la oiga.
-“Si Dios existiera no habría niños desnutridos muriéndose en África” (nota: como si no los hubiera en nuestro propio país).
Es cada vez más evidente la miseria del hombre a la hora de pensar. Nuevamente reafirmo el concepto de que, en líneas generales, el conocimiento no funciona antagónicamente.
Si yo decido pegarle un golpe a la persona que dijo la frase del párrafo anterior ¿Qué probaría?; que no existe una persona que lo defienda o sería prueba de mi existencia.
Que haya niños desnutridos muriéndose en donde sea es prueba de que Dios no existe o es evidencia de las malas administraciones sociales o políticas, de la misma ignorancia, de la falta de previsión o de un sin número de factores que comúnmente se abrevian.
Si Dios viniese y solucionara todos los problemas que tenemos o nos impidiese hacer algo erróneo (pero que en ese momento no le vemos como tal), sería tachado de dictador o malo por no dejarnos hacer las cosas que nosotros queremos.
Todos tratamos de buscar culpables para sacarnos la culpa de encima ¿Saben quién es el culpable de que haya niños muriéndose en condiciones infrahumanas en todo el mundo? Nuestra raza “tan evolucionada”.
Lamentablemente a lo largo de la historia mundial, Dios ha sido sinónimo de iglesia y religión; a lo cual refuto diciendo que los seres humanos y cualquier institución humana jamás podrá representar la perfección ya que nosotros mismos no lo somos. Entonces puedo decir que lo que diga la iglesia “X” no es necesariamente sinónimo de “Dios dice”.
En el nombre de Dios se han cometido los peores crímenes, injusticias, violaciones a los derechos individuales y atentados al saber. Pero… ¿Quién dice que Dios estaba de acuerdo con estos?
Me parece que Dios ha tenido los peores representantes. Y esto ha provocado que se lo señale a Él por los errores de los seres y entidades humanas que lo representaban y siguen representando.
El que dice que Dios es injusto e irrazonable lo desafío a encontrar algo de esas características en la Biblia (la máxima revelación que tenemos de Él). Lo que sí es cierto es que “Dios dice” es sinónimo de “escrito está en la Biblia”. Con lo cual no tenemos más que leerla para conocerlo e identificar las incongruencias existentes entre lo que las religiones e iglesias dicen de Dios y lo que la Biblia realmente manifiesta.
Yo creo que la misma fuente primaria del saber, en la cual el conocimiento está en su estado más puro y relacionado interdisciplinariamente, es Dios. Dios (no la iglesia ni la religión) es la ciencia viva y final.
Dios ve el principio desde el final, ¿Cómo va a ser irrazonable? Su omnipotencia y estándares de lógica y razón son tan elevados que a veces no podemos llegar a comprenderlos o seguirlos ¿El hecho de no entenderlo significa que está equivocado?
Para aclarar un poco esto último voy a introducir una analogía: ¿Cómo haría un animal para entender lo que nosotros hacemos? ¿Cómo haríamos nosotros para explicarle a un perro por qué es importante que lo vacunemos? Si tuviésemos que explicarle el por qué para que lo entienda estaríamos toda la vida intentándolo y así nunca conseguiríamos su consentimiento para hacerlo.
Algo similar ocurre en la relación entre Dios y los seres humanos. Pero la diferencia es que, si bien estamos limitados por nuestros sentidos y aislados por nuestros procesos mentales, en esta relación Dios nos dotó con las facultades necesarias para hacer uso de la razón. Por eso propongo que investiguemos y pongamos a prueba la Biblia a ver que descubrimos.
Como autoproclamado defensor mundial de los intereses divinos les digo lo siguiente: ¡Al que dice que Dios no es razonable lo reto a que lo pruebe! Lo invito a que no se cierre sino que se abra al conocimiento que produce la investigación interdisciplinaria y lo insto a que haga uso de sus dudas y las utilice para llegar a la verdad (sea cual sea).
La famosa frase “El que tenga oídos para oír que oiga” (Mat. 13:9) habla justamente de esto, parafraseándola digo: al que le interese y esté abierto a la verdad que la oiga.
EXISTENCIA DIVINA
¿Quién abala a la gente incrédula para evaluar desde la ignorancia, la existencia de Dios?
Lamentablemente la razón humana popular se ha convertido en un patético ente que pobre y fluctuantemente evalúa lo cotidiano sin ningún tipo de referencia confiable y duradera. Hoy en día parece una costumbre social el hablar sin conocimientos y esto es algo que debemos aprender a identificar.
Lo que pretendo atacar es a la ausencia de fundamentos sólidos para sostener determinada postura.
Para tener una opinión sobre alguien, lo mínimo que se debe hacer es conocer a ese alguien. Pasar tiempo con él, interiorizar en su vida (leer cosas que ha escrito o ver cosas que ha hecho) y no permitir la influencia de opiniones de segunda mano (el famoso: “no me cae bien porque Fulano me dijo que es…”). De lo contrario la opinión no estará acorde con la realidad ni será fidedigna.
Todo aquel que, pese a basarse en estos destructores de las opiniones calificadas, opina sin ningún tipo de reparo no merece ser tenido en cuenta.
Por el otro lado, ¿Quién tiene una opinión real de ti mismo según tu criterio? ¿Alguien que te conoce mucho o alguien con quien nunca tuviste mayor trato que un simple saludo diario?
Nadie habla de opiniones sesgadas por afectos (la opinión de los padres) pero si opiniones basadas en la luz de la realidad y la verdad.
Entonces puedo decir que lo primero que preguntaría a las personas que afirman que Dios es un invento sería: ¿Alguna vez has leído la Biblia? Con esa simple pregunta puedo detectar si habla desde la ignorancia o desde el conocimiento.
El orador puede ser un estudioso de la Teoría de la Evolución y aún así no tener fundamentos para opinar sobre el Creacionismo. El conocimiento, en líneas generales, no funciona por antagonismo; es decir, si estudio la luz, contemplo que tiene una fuente, teorías que explican su expresión y demás, nadie me avala para decir que las oscuridad es lo mismo pero al revés.
Parece algo incluso gracioso pero es más común de lo que nos imaginamos. Tal pareciera que todos, me incluyo, tenemos vocación en la opinología y amamos decir lo que pensamos pese a no tener idea del tema.
Si quieren opinar de la existencia de Dios primero lean e interiorícense en el tema. De lo contrario no opinen ¡Así de fácil! Para escuchar ignorantes hay oportunidades de sobra por eso tenemos que hacer que nuestra opinión valga la pena.
Lamentablemente la razón humana popular se ha convertido en un patético ente que pobre y fluctuantemente evalúa lo cotidiano sin ningún tipo de referencia confiable y duradera. Hoy en día parece una costumbre social el hablar sin conocimientos y esto es algo que debemos aprender a identificar.
Lo que pretendo atacar es a la ausencia de fundamentos sólidos para sostener determinada postura.
Para tener una opinión sobre alguien, lo mínimo que se debe hacer es conocer a ese alguien. Pasar tiempo con él, interiorizar en su vida (leer cosas que ha escrito o ver cosas que ha hecho) y no permitir la influencia de opiniones de segunda mano (el famoso: “no me cae bien porque Fulano me dijo que es…”). De lo contrario la opinión no estará acorde con la realidad ni será fidedigna.
Todo aquel que, pese a basarse en estos destructores de las opiniones calificadas, opina sin ningún tipo de reparo no merece ser tenido en cuenta.
Por el otro lado, ¿Quién tiene una opinión real de ti mismo según tu criterio? ¿Alguien que te conoce mucho o alguien con quien nunca tuviste mayor trato que un simple saludo diario?
Nadie habla de opiniones sesgadas por afectos (la opinión de los padres) pero si opiniones basadas en la luz de la realidad y la verdad.
Entonces puedo decir que lo primero que preguntaría a las personas que afirman que Dios es un invento sería: ¿Alguna vez has leído la Biblia? Con esa simple pregunta puedo detectar si habla desde la ignorancia o desde el conocimiento.
El orador puede ser un estudioso de la Teoría de la Evolución y aún así no tener fundamentos para opinar sobre el Creacionismo. El conocimiento, en líneas generales, no funciona por antagonismo; es decir, si estudio la luz, contemplo que tiene una fuente, teorías que explican su expresión y demás, nadie me avala para decir que las oscuridad es lo mismo pero al revés.
Parece algo incluso gracioso pero es más común de lo que nos imaginamos. Tal pareciera que todos, me incluyo, tenemos vocación en la opinología y amamos decir lo que pensamos pese a no tener idea del tema.
Si quieren opinar de la existencia de Dios primero lean e interiorícense en el tema. De lo contrario no opinen ¡Así de fácil! Para escuchar ignorantes hay oportunidades de sobra por eso tenemos que hacer que nuestra opinión valga la pena.
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