Aparentemente ciertas personas esperan encontrarse en la tapa de una revista, con una chica que recién se levanta, sin siquiera el mínimo arreglo personal para así evitar que su propia envidia y complejos envistan cruelmente con su ego.
¡No hay que mal interpretar el arte y mucho menos confundirlo con la realidad!
Pensar que aquella publicidad gráfica es de tal modelo con Photoshop es la más común minimización del arte que conduce a no menos que degradarlo. No hay que pasar por alto todos los demás componentes tan importantes como la/el modelo; es crucial la capacitación del fotógrafo, la calidad de la tecnología (cámaras e iluminación), el trabajo de los diseñadores de indumentaria, maquillistas y estilistas, la imagen de la marca y los conocimientos del encargado de edición de la fotografía final.
Es decir, la foto NO es simplemente la persona en ella. A demás de la modelo hay todo un universo que expresa su propia versión de la marca y su concepto en ella.
Del resultado final, entonces, serían responsables una parte lo innato de la/el modelo; otra parte la posición, la cara y la mirada; otra parte los encargados del look; otra parte la digitalización de esa obra (producto de la cámara); otra parte la iluminación; otra parte la visión del fotógrafo; otra parte el mensaje que se busca transmitir y la última parte el encargado de edición (Photoshop).
Tal es así que a partir que la/el modelo entra al lugar donde van a realizarse las fotos empieza a ceder un poco de su identidad para adoptar la del equipo con el cual está trabajando. Aporta algo de lo suyo pero el trabajo final no es de su entera autoría.
Es un error tratar de compararse destructivamente con aquella persona que, dentro del todo de la obra de arte, fue previamente intervenida por experimentados sino expertos en su campo de trabajo del cual también viven. Y también lo es compararse destructivamente o tratar vilmente de encontrarle defectos a aquella persona fuera de la obra de arte, el ser humano del diario vivir que sin toda la producción artística no es ni más ni menos que uno, simplemente un ser con capacidades y defectos parecidos, iguales o diferentes a los míos.
Llevando esto a otro ámbito en un contexto ideal, cuando realizo un trabajo se supone que lo realice con mi máximo potencial para hacerlo de la mejor manera y para ello se requiere también buenos elementos para optimizar el resultado.
El mundo del arte y la moda no es diferente. Lo que cambia son los requerimientos para lograr un producto final bueno.
Con esto no justifico ningún exceso y menos cuando el arte es utilizado como medio de venta masiva. Cuando el arte es un puente entre la moda y la sociedad otros parámetros y reglas entran en juego que no deben ser ignorados. Con respecto a esta rama del arte, creo en la tolerancia siempre y cuando se mueva en un ámbito de salud integral y lo sostenga para con todos los involucrados (adelante y detrás de cámaras así como también el público) sin jugar con los límites.