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No soy el unico loco:

lunes, 21 de mayo de 2018

FELIZ DÍA A DÍA


-¿Qué te hace feliz?
-Estar de vacaciones


-¿No sos feliz en el día a día? ¿No descubriste lo que te apasiona? Es triste que solo seas feliz cuando te desenchufás de la realidad, de tu día a día. Es una gran pérdida de tiempo y de vida. Si solo sos feliz cuando estás de vacaciones te perdés de ser feliz en lo cotidiano, la mayor parte de tu año.
¿Por qué restringirse a sólo hacer lo que nos gusta cuando nos tomamos un rato para desconectar? ¿Y si viviésemos conectados a eso que hacemos de a ratos? ¿Y si viviésemos haciendo aquello que nos provoca placer? ¿Y si hiciésemos de esos ratos toda una vida?

CADA VEZ VEO MÁS GRUPOS DE AMIGOS PERO MENOS AMISTAD, CADA VEZ VEO MÁS PAREJAS PERO MENOS AMOR, CADA VEZ VEO MÁS SEXO PERO MENOS CONEXIÓN, CADA VEZ VEO MÁS PROFESIONALES PERO MENOS PASIÓN

martes, 10 de abril de 2018

TP Derechos Humanos


Se nos pedía que hablemos de problemáticas que habíamos experimentado como significativas en la vida del residente.


Muchas veces sentí que la exigencia de la residencia, la enorme carga horaria y pretensiones sobre compromiso del residente, no eran hacia el paciente y para mantener viva la humanidad del residente, sino que se exigía compromiso hacia la burocracia médica, hacia el papel. Es decir, no interesaba la relación que pudieses lograr con el pacientito y su familia sino que importaba que terminaras de escribir todas las historias y firmes todos los egresos hospitalarios en tiempo y forma. Ningún superior reta porque no lograste una buena relación con el paciente, ni te aconseja de qué forma lograrlo ni te brinda estrategias; pero sí te retan cuando demorás más de lo esperado en la realización de todo el “pepelerío” hospitalario. Sos un buen residente cuando sos rápido, no cuando sos humano.

Otra cosa que no deja de llamarme la atención es la gran cantidad de formas que hay de hacer las cosas, todo tiene una liturgia propia. Desde la forma en que se escriben las enfermedades actuales en la historia clínica, hasta la forma en que se habla con los padres. Todo parece salido de un protocolo que no deja un mínimo lugar a la creatividad y personalidad propia de cada residente. Visto desde afuera pareciera como si al entrar a la residencia uno va perdiendo personalidad, va perdiendo particularidades y singularidades, para homogeneizarse con el resto. Finalmente, el cómo se habla, el cómo se escribe y el cómo se mueve uno termina siendo indistinto de cada residente, nos convertimos en masa. Y vale aclarar que no me refiero a normas y protocolos de diagnóstico y tratamiento sino a los pasos que se siguen a la hora de completar algún documento médico o dirigirnos a los padres o pares. Me parece que un sistema que no respeta, incentiva y hasta fomenta la creatividad de sus integrantes es un sistema que falla y se pierde de muchas oportunidades.

PARADOJA EXISTENCIAL



Entro a clases de teatro y soy natural, entro a la vida cotidiana y tengo que actuar

En clases de teatro se nos estimula a ser naturales, espontáneos, se nos incentiva a explorar, a movernos por impulsos y jugar. Personalmente me conecta con lo vivencial, con lo orgánico, con lo transparente y esencial, con todo un mundo de posibilidades e imaginación. Se nos enseña a mirar a los ojos y a hacer lo que sentimos sin filtrarnos. Se nos enseña a conectar sin etiquetas ni juicios. Se nos devuelve la desinhibición y nos llena de herramientas para relacionarnos con los demás, para trabajar en grupo con las individualidades de cada uno.
En ese contexto siempre está todo bien.


Lo contradictorio es que cuando salgo de teatro y entro a lo cotidiano (al hospital, al trabajo, a la vida general) tengo que tener cuidado de lo que digo porque todo será puesto en tela de juicio, tergiversado y malinterpretado; tengo que poner especial foco en el cómo digo las cosas porque se pueden escudar en ello para desacreditar el qué; siempre hay que ocultar algunos datos porque todo puede y será usado en tu contra, todo lo que sepan de vos te será echado en cara. Uno no puede reírse mucho porque se pierde autoridad frente a los pacientes, no hay que ser simpático ni cálido, hay que fingir seriedad y distancia. No se puede ser muy feliz porque generás envidia, no se puede decir una opinión porque se te tratará de quejoso. Nada nunca está bien, siempre hay motivos para ser retado y visto con malos ojos, nunca hay motivos para celebrar (aunque siempre hay motivos para emborracharse, que pareciera ser la única forma que tiene el adulto de ser feliz). Se desaconseja la naturalidad y lo espontáneo ya que está inmensamente relacionado al error y lo poco serio. Nadie habla de frente sino que simulan en tu cara sonrisas que se convierten en cuchillos cuando estás de espalda. De todos hay que desconfiar, nunca sabés cómo son los demás hasta que te decepcionan, todos hablan de todos sin realmente saber mucho. De todos lados tratan de amoldarte, inhibirte y restringirte. Te llenan de corazas, armaduras y armas.

Es decir… demasiado drama, demasiada histeria, demasiado “carajo mental”, demasiado hay que actuar para aprender a vivir en sociedad.

martes, 3 de abril de 2018

¿CÓMO ES QUE LLEGARON A ADULTOS?


Muchas veces en mi vida, y cada vez más frecuentemente, me he topado con gente “adulta” que me ha inspirado esta pregunta.  
Un adulto que es incapaz de ofrecer una charla interesante, que carece de la inteligencia suficiente para aportarte pensamientos que te dejen pensando. Un adulto que tiene falta de coherencia, es decir, que dice una cosa pero hace otra; un adulto que no conoce la pasión, que no se levanta todas las mañanas con ganas para hacer lo que le hace feliz, un adulto que no es capaz de transmitir amor por lo que hace a los demás, un adulto que se deja gobernar por la hormona del día o se deja abrumar por los problemas, que no fluye en el día a día, que problematiza más de lo que soluciona. Un adulto que no sabe quién es, qué le gusta, qué lo llena; en mi opinión es un adulto que llegó a la adultez sin madurez.

Predominan en amplia mayoría los adultos sin madurez, predomina en amplia mayoría los adultos que son una decepción (¿será que cuando chicos no jugaron lo suficiente, no exploraron lo suficiente?). Tal vez será por eso que considero una mala palabra, un insulto, un descalificativo “ser adulto”. Muchos confunden u homologan los términos “adultez” con “madurez”… ojalá así fuese pero lamentablemente no lo es.

No dejo de preguntarme cuán diferente sería el mundo si predominasen los adultos que no son una decepción, y con esto no me refiero a adultos perfectos. Adultos con capacidad de reconocer errores, que simplemente estén a la altura de lo que dicen, mandan o esperan de los demás, adultos que se desempeñen todos los días en actividades que les provoquen pasión, adultos con capacidad de contagiar ese amor, esa pasión que sienten, adultos interesantes, abiertos al cambio, la creatividad y las sorpresas del día a día, adultos que hayan superado el rencor, la envidia, la frustración, el odio; adultos simples (no superficiales) con capacidad de profundizar, adultos abiertos a jugar. Eso es un adulto para mí.
Entonces el modelo predominante de adulto termina recurriendo a complejizar y enroscar cosas simples para simular madurez o inteligencia; así es como devalúan su credibilidad, el concepto de autoridad, fomentan la rebeldía y pensamientos negativos innecesarios por parte de los que tienen a su cargo. Su falta de juego y exploración les robó su capacidad de profundizar y reflexionar, les robó su capacidad de permanecer abiertos y fluir. Y de ahí nacen los problemas. Cuán diferente sería la infancia de hoy en día si hubiese padres realmente adultos, ¡cuán diferente sería la adolescencia!; cuán diferente serían los empleados si hubiesen jefes así; cuán diferente sería el mundo si las autoridades (maestros, policías, políticos, etc.) fuesen este tipo de adultos.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

¿COMPROMISO?

Elegí Pediatría porque no me interesa en absoluto el mundo de los adultos. No me interesa la mentira, la murmuración, las risas falsas, la no transparencia y el juego de egos. Siempre digo lo mismo, los niños se portan mejor que los adultos, en los niños encuentro mayor madurez que en los adulterados por la adultez.

En el contexto de la residencia “conocer a un paciente” es conocer sus números, es decir, los valores de sus laboratorios y los resultados de sus estudios. Uno conoce al paciente cuando puede recitar cual concurso de memoria largas listas de números. Es así como se desestima la calidad del trato médico-familia. No importa que entables un vínculo con el pacientito, importa que evoluciones a los 10 pacientes y des todas las altas antes de las 12. No es relevante que las evoluciones parezcan versos que no se condigan con el día a día de los pacientes y que sean textos ininteligibles. No es relevante que logres que el pacientito te invite a jugar con él, o que al irse de alta quiera volver al hospital a saludarte y charlar con vos.
En este contexto efímero es en cual se mide y evalúa el compromiso del residente.
Desde que ingresé a la residencia de Pediatría cada día me siento un poco más lejos del pacientito. Al ir avanzando en las rotaciones me doy cuenta de que el compromiso que se nos exige (en tiempo y cantidad de evoluciones) es hacia la burocracia médica, nunca hacia el paciente.
Entonces, hago un minuto de pausa existencial, intentando observar como quien mira todo desde afuera, y me doy cuenta de que aquellos que se autoproclaman abanderados del compromiso, son personas a quienes personalmente no me gustaría parecerme en ese aspecto. Personas que cumplen un horario, que no se los ve felices con sus pacientes, que solo se los ve apasionados al estar sentados en el office, a puertas cerradas, hablando infelicidades de otros servicios y familiares de pacientes. No puedo admirar y querer parecerme a alguien cuyo “gran compromiso con el paciente” no le alcanza para animarse a ponerle la firma a una evolución, ni a las evoluciones de semanas de internación. No puedo admirar a personas que no dejan de mirar el reloj ansiosos de que la aguja chiquita llegue al 12 y entonces estén habilitados a salir corriendo. No puedo admirar a una persona que al hacer lo que supuestamente ama, no sea capaz de transmitirte ese amor y no te inspire a amarlo también.


El día que conozca a un adulto que NO sea una decepción, ese día voy a creer en la adultez. El día que conozca a un superior que esté a la altura de sus propias exigencias ese día voy a creer en el sistema. Hasta entonces elegiré y defenderé una y otra vez, la niñez y la rebeldía.