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No soy el unico loco:

martes, 20 de junio de 2017

LA EDAD ES MENTAL

Personalmente vivo mi vida como si no tuviese una edad determinada. No me dejo influir por la falacia popular de “eso es de chicos” o “sos demasiado chico/grande para…”, sin entrar en la aún más fácilmente refutable “esto hacen los nenes y esto las nenas”. Me resulta poco real la separación de actividades por edades. Tampoco entiendo mucho qué es lo que se descarta o confirma cuando alguien te dice su edad.
Me gusta hacer lo que me gusta y no me siento más o menos niño o adulto por comprar plastilina para modelar algo, por pasarme una tarde dibujando inventos, por estar todo el día sentado estudiando para rendir un examen o escribiendo alguna opinión.

Me doy cuenta que las edades y lo que representan son otras de las falacias populares que pretenden clasificar a las personas. Tal vez sea útil en algunas áreas, pero cada vez más dimensiono sus falencias para discriminar “madurez” o experiencias vividas. ¿Cómo se supone se debe comportar alguien de 20 años y alguien de 35? ¿Cómo se supone que ambos deban vestirse y hablar? ¿Qué deben pensar? ¿Qué les debe gustar? ¿Cuál de los dos puede reírse más?


Definitivamente la edad es mental. Considero “adulto” a alguien que puede seguir una charla, que puede elaborar pensamientos y comunicarlos. Considero niño a alguien que puede sorprenderme con su creatividad y espontaneidad, y está abierto a todo cual esponja, totalmente libre de prejuicios y preconceptos. Y considero “pendejo” a aquella persona que todavía le faltan muchos golpes para lograr descubrir quién es, qué le gusta y hacia dónde va, y erradicar su necesidad de inventar problemas.
Uno puede ser niño, adolescente o adulto independientemente de la edad… incluso puede ser los tres en un solo día.

¡Cuánta gente nació vieja! ¡Cuántos adultos se quedaron trabados en la adolescencia! ¡Cuánta gente vivió 40 años de balde! ¡Cuánta gente hay que no se explica cómo es que llegó a “adulta”! ¡Cuántos niños nos sorprenden por sus razonamientos, su madurez y reacciones! ¡Cuán evidente es que la edad es lo que nosotros decidimos hacer de esos años y no lo que el número nos determina!

Tengan cuidado… porque las edades engañan más de lo que pensamos.

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