.

.

No soy el unico loco:

viernes, 13 de diciembre de 2013

Editorial de la revista VOS Y VOTO del número de diciembre 2013

…Ya entrando al editorial cierre de la temática de 2013 de VOS Y VOTO, “Sufridos del Sistema”, nos gustaría pasar en limpio algunos pensamientos y dejar conclusiones.
Cada mes pusimos ejemplos de personajes que se inmortalizaron en la lucha por causa de sus principios y que así pusieron en evidencia la corrupción del sistema y sus obvios errores. Estos personajes, constituyen verdaderos ejemplos a seguir en el campo de la firmeza bajo coerción.
La mayoría de ellos fueron llevados presos, tuvieron que renunciar al disfrute de sus familias y fueron privados incluso de su propia vida ya que murieron asesinados o en medio de la lucha. Pero eso no les importó, siguieron adelante.

¿Qué grado de entrega personal y convicción tuvieron que tener para donarlo todo a una causa que en un primer momento no era más que una idea utópica, imposible y hasta ridícula? Hay que notar que cuando ellos vieron que había otra realidad posible mucho mejor y más lógica, en ese entonces era sólo una fantasía. Una fantasía que necesitaba de alguien que le dedicara su vida para poder ser realidad. Una fantasía que los apasionó de tal manera que incluso les hizo perder el miedo a morir por ella.

Estos personajes, como los que mencionamos a lo largo del año y como tantos otros que tuvimos que dejar afuera, son los que nos hacen dar cuenta que nunca la mayoría tuvo razón. Y esa filosofía de vida más la plena convicción en sus principios y creencias los impulsó a luchar hasta la muerte y así cambiar al mundo.

Cuando se habla de principios mucha gente ajena a algo tan profundo dice: “¿Y por qué no te dejás de joder y te hacés una transfusión de sangre y dejás tus principios para después?”, “¿Por qué no aceptás la plata, hacés el aborto, después cada uno por su lado y vos con el bolsillo contento?”, “¡Qué ganas de tener problemas innecesarios que tenés vos!”, “Dejá tus egos de lado y agachá la cabeza” y la lista podría seguir. Que chistoso sería hoy hacerle alguna de esas preguntas a Gandhi: “Che Gandhi, ¿por qué no te dejás de joder haciendo tanto problema por ayudar a esa gente si vos podés estar cómodo, ejerciendo tu profesión y ganando plata, viviendo bien y disfrutando a tu familia?”, o a Mandela: “Mirá cómo te va por ser tan cerrado en tu lucha. ¿Por qué no pensás un poquito como la mayoría y dejás de sufrir? ¿Qué preferís, seguir otra década en la cárcel o torcer el brazo y disfrutar de las cosas simples como el resto de los hombres? ¿No querés disfrutar de tu familia y de tu vida? Tu familia no se merece esto”. Gracias a Dios hay personas que no “piensan” como la mayoría, gracias a Dios hay personas que piensan y no se dejan engañar por la famosa ley del “mal menor”, lo que es más cómodo y lo que me haga quedar bien con la mayor cantidad de gente posible. Si hay algo que ellos nos enseñaron es que tener principios claros es un motivo de discordia; no porque ellos fuesen los que chocaran sino porque los sistemas siempre defectuosos están diseñados para pensar en masa y en forma estructurada, no en lo que se puede hacer sino en lo que otros dicen resulta más o menos aceptable; entonces el sistema ve como subversivos e insurrectos a gente que en realidad está cambiando el paradigma dominante.
Menos mal Gandhi no pensó como la mayoría, ni se “dejó de joder” porque si así lo hubiera hecho, hoy el mundo sería un lugar peor. Sus experiencias nos muestran que mientras más duro, dictatorial, absurdo e irrazonable fuera el sistema con ellos, más dejaban en evidencia sus características decadentes ante la sociedad y más bien le hacían a la causa de estos sufridos del sistema.
Luego de ellos es una falta de respeto ver cualquier sistema humano sin sentir desconfianza y sin creer que detrás de ellos hay mamarrachadas, estrechez mental y corrupción.

Ellos también nos enseñaron que la subordinación al paradigma dominante es una forma de cerrar la mente, de ser esclavos mentales del error de turno y que “la mayoría” no es más que una forma de coerción psicológica para dominar las masas dominables; “la mayoría” es una forma de opresión; “la mayoría” es un tipo de prisión.

¿Qué importa ir a la cárcel, sufrir privaciones, ser calumniado y ser un sufrido del sistema si es en nombre de una causa justa? Tal vez le damos demasiada importancia a lo que sentimos y no tanta a lo que pensamos; tal vez le damos demasiada importancia al yo y no tanta a las demás personas.

Y allí están estos personajes que se preocuparon más por el bien social que por su propio bien, que se preocuparon más por sus convicciones que por sus sufrimientos.
Claramente no hay virtud sin sacrificio, no hay victoria sin lucha y dolor, ni dignidad sin principios. Claramente, el mayor galardón humano no es un título, un doctorado, ni ningún papelucho que  cualquier sistema pueda fabricar, sino que el mayor galardón de la humanidad es el ser portador de principios, ser íntegro y ser un luchador hasta la muerte, contra quien sea, por una causa justa.



¡Gracias a todos por leernos un año más! ¡Hasta el año que viene!

No hay comentarios:

Publicar un comentario