.

.

No soy el unico loco:

miércoles, 4 de julio de 2012

¿MIEDO DE QUÉ?


Como actual estudiante de Medicina de la UNICEN de la Escuela Superior de Ciencias de la Salud quiero hacer público un dilema que estoy teniendo.
Soy adventista del 7º día, religión que he profesado toda mi vida, y una de nuestras creencias es apartar el día sábado para hacer cosas especiales relacionadas con Dios, como por ejemplo ir a la iglesia, meditar y tantas otras cosas… como desenchufarse de toda la vorágine de la semana.
Este año empecé a cursar Infectología, contenidos que lamentablemente para mí se cursan en mi día especial. Y ante el requisito del 80% de la asistencia no tuve otra opción que pedir una exención de la misma apelando a los innumerables tratados de derechos humanos de jerarquía constitucional, a la misma Constitución de la República y tantos otros documentos y autoridades que abordan la temática. ¡Un trámite pensé! Incluso presenté la Resolución 1325/87 del Ministerio de Educación de la Nación donde dice lo siguiente: “se solicita se exima a los alumnos pertenecientes a dicho credo (Adventista del 7º Día) de cualquier actividad escolar que se lleve a cabo entre la puesta del sol del día viernes hasta la de los días sábados”. Resolución que estudiantes de mi mismo credo han presentado en otras universidades e instituciones tanto públicas como privadas en todo el país y sin mayores inconvenientes la han acatado. La misma fue sancionada en 1987, ¡1987! Absurdo que hoy, 25 años después, esté teniendo un problema propio del siglo pasado.

Lo primero que hice fue dirigirme al Departamento de Alumnos, presenté mi dilema y elevé una carta. Como todo estaba tardando demasiado y la cursada en cuestión ya estaba siendo dictada no tuve mejor idea que ir a hablar directamente con la profesora a cargo.
Lejos de la exageración puedo decir que la profesora no es de las médicas simpáticas, flexibles, que infunden comodidad y cariño, sino todo lo contrario. Es una Médica, Doctora cuyo currículum es del tamaño de un bibliorato; tiene tanta autoridad y una personalidad tan desafiante que pocos se atreven a decirle algo. A los estudiantes nos hace temblar en sus clases y me consta que a muchos docentes y no docentes también.
Pero no me importó, fui y le hablé; rápidamente me dio su respuesta. Me presentó opciones que claramente no son soluciones. ¡Que hábil es “flexibilizarnos” a dar opciones que sabemos que la otra parte no puede aceptar!
Para cumplir con mis principios a medias hubiera preferido no cumplirlos y no generar ningún inconveniente institucional.
Inmediatamente después al evento, la Secretaría Académica de la Institución me respondió la carta con exactamente lo mismo que me dijo la profesora. Se me negó la excepción.

Vale aclarar que yo no pedí ningún tipo de consideración con respecto a la forma de evaluación, sino que todo lo contrario. Acá el único perjudicado por faltar a algunas de las “clases teóricas magistrales” de la señora profesora iba a ser yo y sólo yo.

Ante lo ilegal, irrazonable, anticonstitucional, y tantos otros adjetivos, de la respuesta pedí una audiencia con el Director de la Institución. Sin mencionar detalles me dijeron que el director era un hombre demasiado ocupado y que no podía atenderme. Ante mi insistencia me mandaron a escribir otra carta pero esta vez dirigida al Director.
Antes de escribirla fui a pedir la opinión del Centro de Estudiantes y para mi sorpresa no hicieron falta más de 15 minutos, todos entendieron la situación y estuvieron de acuerdo con mi petición. Por lo cual en la carta incluí que contaba con el apoyo unánime del Centro. La misma me fue respondida no por el Director sino nuevamente por la Secretaría Académica. Me ratificaban su respuesta previa y para “convencerme” de mi “error” me mostraron la consulta que se elevó al organismo “Legales” de la UNICEN apoyando la postura.
Con el mayor de los respetos, hace un tiempo la Corte Suprema falló a favor del testigo de Jehová en una cuestión de vida o muerte… me pregunto qué clase de seriedad jurídica tiene este organismo académico.

En todo este tiempo se me han cuestionado cosas que la verdad pensé jamás podría escuchar en un ámbito universitario donde se hace culto al conocimiento. Me sorprendió encontrar más razón en el Centro de Estudiantes que en las mismas autoridades académicas de la Institución. ¡Incluso se me pidió flexibilidad! Creo que ya eso es el colmo. Para mi los principios son como los huesos, ¿se pueden flexibilizar los huesos?
Llegué a la conclusión de que la verdadera problemática no era mi religión sino todo lo contrario, la verdadera problemática es la carencia de principios de la misma Institución o tal vez de sus dirigentes. No hay nada más triste para mí que el haberme desilusionado de mi querida Escuela.
Claramente, alguien que no tiene principios no puede entender a alguien que quiere respetar los suyos, alguien que no tiene principios no sabe cómo se respetan y cómo no se respetan. ¿Tengo que quebrar mis huesos para amoldarme a la clase de Infectología?

Ya lo dijo Favaloro en una cuestión similar de principios en su carta de despedida: “no puedo cambiar, prefiero desaparecer”.

Esto que hice, pararme y defender lo que creo correcto no fue fácil. No es fácil pararse frente a una profesora tan severa, no es fácil pararse frente a una Institución con un problema según ellos “innecesario” y ser tan insistente; pero agradezco a Dios haberme dado la fortaleza necesaria para hacerlo.
¿Qué clase se virtud hay en únicamente hacer lo que creo correcto cuando es fácil? Sin sacrificio no existe virtud alguna… lamentablemente parece que eso no es valorado en mi Institución. Pensé vivíamos en Democracia y estas cosas eran obvias, evidentemente me equivoqué.

“¿Qué vas a hacer cuando te recibas y te llegue una urgencia el sábado? ¿No la vas a atender por tu religión?”. Me parece que todavía no entendieron lo que estaba pidiendo… que se me exente del requisito del 80% de la asistencia. El día que me reciba voy a hacer lo que me toque, pero la diferencia va a estar en que no pienso cobrar un centavo por lo que haga en esas horas sagradas. ¡Vocación! Algo que es de público conocimiento que en la Medicina falta y mucho.
Tanto que nos quejamos del capitalismo pero cuando tenemos la posibilidad de cambiar no lo hacemos muy diferente. Si cada clase que venís te pago con un presente y durante el año los ahorrás y acumulás la mayor cantidad posible, al final del curso vas a tener suficientes presentes para poder comprar y consumir el parcial. Esto no es más que un modelo arcaico implícito que ha probado y sigue probando la formación de profesionales que el día de mañana si no cobran no atienden.
¿Y si empezamos a hacer las cosas sin pensar en la paga o retribución personal?

“¿Y si le pedís permiso al pastor?”. Piensan que estoy subordinado al pastor, se quejan de la religión, insultan a Dios tantas veces como pueden pero ellos actúan de la misma forma. Cual dioses paternalistas me obligan a hacer lo que ellos imponen y hacen que les pida permiso para yo hacer uso de mi libertad. A mí nadie me va a echar de ninguna iglesia por ir a cursar un sábado a la facultad. ¡Cuán evidente es la carencia de principios! Es una cuestión de principios… ¿Qué es lo que no entienden? No es algo que me obligan a cumplir; es algo que quiero cumplir; es algo en lo que creo e iría en contra de mi propia naturaleza si no cumplo particularmente con este principio tan fundamental de mi credo (tan fundamental que incluso es mencionado en el nombre de la religión). No es una cuestión de rebeldía, es una cuestión de dignidad.

A final de cuentas no me queda muy claro si es que me responden lo que me responden por el mismo desconocimiento sobre la temática o es que nadie en la Institución se atreve a decirle a la señora profesora que no van a hacer según lo que ella dijo.

No tengo miedo de lo que puede llegar a pasar. No tengo miedo de que todos lean esta carta y sepan lo que pienso y cuál es mi opinión. Me parece que un ámbito universitario todos somos lo suficientemente adultos para no ofendernos ni actuar con despecho cuando nos dicen nada más ni nada menos que la misma verdad. Espero no equivocarme también con esto.
Personalmente trato de no moverme según el miedo sino según mis convicciones. ¡Mis derechos valen y no pienso callarme!
Gente ha elegido morir de las formas más crueles e inhumanas por sus creencias, en la hoguera, comidos por fieras, torturados, incluso René Favaloro prefirió morir antes que ceder e ir en contra de su mismo ser. Y eso no habla mal de ellos sino todo lo contrario… habla mal del sistema retrógrado. Claramente esto de los principios implica un gran compromiso que no es apto para todo público.
Nuestra misma historia, la argentina, está repleta de flamantes ideales tales como el de la libertad, el respeto y la oposición al autoritarismo. Los próceres argentinos están para enseñarnos todo esto y no solamente para que los veamos frívolamente en los billetes cada tanto. Basta con leer nuestra Constitución para darnos cuenta que Argentina está fundada en sólidos principios que ningún argentino puedo ignorar.
 
Lo más irónico de todo es que en esta misma Institución fue donde aprendí de los principios bioéticos; ellos me enseñaron acerca del respeto por el paciente, del valor de la autonomía y tanto más que hoy al usarlos como herramientas me las refutan e invalidan.

En este asunto, hasta el día de hoy, el que pierde no soy solamente yo; pierde la integridad humana; la dignidad individual; el respeto por las diferencias que es algo por lo cual nuestro país hace mucho viene luchando; pierde la razón como motor de las decisiones institucionales; pierde la imagen de nuestra Institución y de la misma Universidad… en definitiva perdemos todos.

Ojalá las autoridades pudiesen ver que esto no es algo menor o un “problema innecesario”, ojalá pudieran ver que lo único que están haciendo con estas actitudes es dañar algo que todos tanto queremos y luchamos para que salga adelante… ¡nuestra Escuela!