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No soy el unico loco:
miércoles, 13 de junio de 2018
CADA VEZ QUE ESCUCHO A ALGUIEN DANDO LECCIONES DE MORAL Y RETOS “CONSTRUCTIVO-CAMUFLAJEADOS” ALUDIENDO AL: “TIENEN QUE SER BUENOS COMPAÑEROS… BUENOS RESIDENTES, BUENOS MÉDICOS”, ENTIENDO QUE ME QUIEREN MANIPULAR Y QUE TIENEN CERRADA LA ESCUCHA A LA OPINIÓN AJENA. GRACIAS AL CIELO YA NO ME INTERESA SER BUENO… NI BUEN COMPAÑERO, NI BUEN RESIDENTE NI BUEN MÉDICO. NO ES REBELDÍA SINO ÁNGULO DE VISIÓN; DEJÓ DE INTERESARME LA OPINIÓN AJENA. SÉ QUIÉN Y CÓMO SOY, Y ESO NO VA A CAMBIAR CON LA OPINIÓN DE LOS DEMÁS.
lunes, 21 de mayo de 2018
FELIZ DÍA A DÍA
-¿Qué te hace feliz?
-Estar de vacaciones
-¿No sos feliz en el día a día? ¿No descubriste lo que te apasiona? Es
triste que solo seas feliz cuando te desenchufás de la realidad, de tu día a
día. Es una gran pérdida de tiempo y de vida. Si solo sos feliz cuando estás de
vacaciones te perdés de ser feliz en lo cotidiano, la mayor parte de tu año.
¿Por qué restringirse a sólo hacer lo que nos gusta cuando nos tomamos
un rato para desconectar? ¿Y si viviésemos conectados a eso que hacemos de a
ratos? ¿Y si viviésemos haciendo aquello que nos provoca placer? ¿Y si
hiciésemos de esos ratos toda una vida?
martes, 10 de abril de 2018
TP Derechos Humanos
Se nos pedía que hablemos de problemáticas que habíamos
experimentado como significativas en la vida del residente.
Muchas veces sentí que la exigencia de la residencia, la
enorme carga horaria y pretensiones sobre compromiso del residente, no eran
hacia el paciente y para mantener viva la humanidad del residente, sino que se
exigía compromiso hacia la burocracia médica, hacia el papel. Es decir, no
interesaba la relación que pudieses lograr con el pacientito y su familia sino
que importaba que terminaras de escribir todas las historias y firmes todos los
egresos hospitalarios en tiempo y forma. Ningún superior reta porque no
lograste una buena relación con el paciente, ni te aconseja de qué forma lograrlo
ni te brinda estrategias; pero sí te retan cuando demorás más de lo esperado en
la realización de todo el “pepelerío” hospitalario. Sos un buen residente
cuando sos rápido, no cuando sos humano.
Otra cosa que no deja de llamarme la atención es la gran
cantidad de formas que hay de hacer las cosas, todo tiene una liturgia propia.
Desde la forma en que se escriben las enfermedades actuales en la historia
clínica, hasta la forma en que se habla con los padres. Todo parece salido de
un protocolo que no deja un mínimo lugar a la creatividad y personalidad propia
de cada residente. Visto desde afuera pareciera como si al entrar a la
residencia uno va perdiendo personalidad, va perdiendo particularidades y
singularidades, para homogeneizarse con el resto. Finalmente, el cómo se habla,
el cómo se escribe y el cómo se mueve uno termina siendo indistinto de cada
residente, nos convertimos en masa. Y vale aclarar que no me refiero a normas y
protocolos de diagnóstico y tratamiento sino a los pasos que se siguen a la
hora de completar algún documento médico o dirigirnos a los padres o pares. Me
parece que un sistema que no respeta, incentiva y hasta fomenta la creatividad
de sus integrantes es un sistema que falla y se pierde de muchas oportunidades.
PARADOJA EXISTENCIAL
Entro a clases de
teatro y soy natural, entro a la vida cotidiana y tengo que actuar
En clases de teatro se nos estimula a ser naturales,
espontáneos, se nos incentiva a explorar, a movernos por impulsos y jugar. Personalmente
me conecta con lo vivencial, con lo orgánico, con lo transparente y esencial,
con todo un mundo de posibilidades e imaginación. Se nos enseña a mirar a los
ojos y a hacer lo que sentimos sin filtrarnos. Se nos enseña a conectar sin
etiquetas ni juicios. Se nos devuelve la desinhibición y nos llena de herramientas
para relacionarnos con los demás, para trabajar en grupo con las
individualidades de cada uno.
En ese contexto siempre está todo bien.
Lo contradictorio es que cuando salgo de teatro y entro a lo
cotidiano (al hospital, al trabajo, a la vida general) tengo que tener cuidado
de lo que digo porque todo será puesto en tela de juicio, tergiversado y
malinterpretado; tengo que poner especial foco en el cómo digo las cosas porque
se pueden escudar en ello para desacreditar el qué; siempre hay que ocultar algunos
datos porque todo puede y será usado en tu contra, todo lo que sepan de vos te
será echado en cara. Uno no puede reírse mucho porque se pierde autoridad
frente a los pacientes, no hay que ser simpático ni cálido, hay que fingir
seriedad y distancia. No se puede ser muy feliz porque generás envidia, no se
puede decir una opinión porque se te tratará de quejoso. Nada nunca está bien,
siempre hay motivos para ser retado y visto con malos ojos, nunca hay motivos
para celebrar (aunque siempre hay motivos para emborracharse, que pareciera ser
la única forma que tiene el adulto de ser feliz). Se desaconseja la naturalidad
y lo espontáneo ya que está inmensamente relacionado al error y lo poco serio.
Nadie habla de frente sino que simulan en tu cara sonrisas que se convierten en
cuchillos cuando estás de espalda. De todos hay que desconfiar, nunca sabés
cómo son los demás hasta que te decepcionan, todos hablan de todos sin
realmente saber mucho. De todos lados tratan de amoldarte, inhibirte y
restringirte. Te llenan de corazas, armaduras y armas.
Es decir… demasiado drama, demasiada histeria, demasiado
“carajo mental”, demasiado hay que actuar para aprender a vivir en sociedad.
martes, 3 de abril de 2018
¿CÓMO ES QUE LLEGARON A ADULTOS?
Muchas veces en mi vida, y cada vez más frecuentemente, me
he topado con gente “adulta” que me ha inspirado esta pregunta.
Un adulto que es incapaz de ofrecer una charla interesante, que carece de
la inteligencia suficiente para aportarte pensamientos que te dejen pensando.
Un adulto que tiene falta de coherencia, es decir, que dice una cosa pero hace
otra; un adulto que no conoce la pasión, que no se levanta todas las mañanas
con ganas para hacer lo que le hace feliz, un adulto que no es capaz de
transmitir amor por lo que hace a los demás, un adulto que se deja gobernar por
la hormona del día o se deja abrumar por los problemas, que no fluye en el día
a día, que problematiza más de lo que soluciona. Un adulto que no sabe quién
es, qué le gusta, qué lo llena; en mi opinión es un adulto que llegó a la
adultez sin madurez.
Predominan en amplia mayoría los adultos sin madurez, predomina en amplia
mayoría los adultos que son una decepción (¿será que cuando chicos no jugaron
lo suficiente, no exploraron lo suficiente?). Tal vez será por eso que
considero una mala palabra, un insulto, un descalificativo “ser adulto”. Muchos
confunden u homologan los términos “adultez” con “madurez”… ojalá así fuese
pero lamentablemente no lo es.
No dejo de preguntarme cuán diferente sería el mundo si predominasen los
adultos que no son una decepción, y con esto no me refiero a adultos perfectos.
Adultos con capacidad de reconocer errores, que simplemente estén a la altura
de lo que dicen, mandan o esperan de los demás, adultos que se desempeñen todos
los días en actividades que les provoquen pasión, adultos con capacidad de
contagiar ese amor, esa pasión que sienten, adultos interesantes, abiertos al
cambio, la creatividad y las sorpresas del día a día, adultos que hayan
superado el rencor, la envidia, la frustración, el odio; adultos simples (no
superficiales) con capacidad de profundizar, adultos abiertos a jugar. Eso es
un adulto para mí.
Entonces el modelo predominante de adulto termina recurriendo a complejizar
y enroscar cosas simples para simular madurez o inteligencia; así es como
devalúan su credibilidad, el concepto de autoridad, fomentan la rebeldía y
pensamientos negativos innecesarios por parte de los que tienen a su cargo. Su
falta de juego y exploración les robó su capacidad de profundizar y reflexionar,
les robó su capacidad de permanecer abiertos y fluir. Y de ahí nacen los
problemas. Cuán diferente sería la infancia de hoy en día si hubiese padres realmente
adultos, ¡cuán diferente sería la adolescencia!; cuán diferente serían los
empleados si hubiesen jefes así; cuán diferente sería el mundo si las autoridades
(maestros, policías, políticos, etc.) fuesen este tipo de adultos.
viernes, 22 de diciembre de 2017
miércoles, 29 de noviembre de 2017
¿COMPROMISO?
Elegí Pediatría porque no me interesa en absoluto el mundo
de los adultos. No me interesa la mentira, la murmuración, las risas falsas, la
no transparencia y el juego de egos. Siempre digo lo mismo, los niños se portan
mejor que los adultos, en los niños encuentro mayor madurez que en los
adulterados por la adultez.
En el contexto de la residencia “conocer a un paciente” es
conocer sus números, es decir, los valores de sus laboratorios y los resultados
de sus estudios. Uno conoce al paciente cuando puede recitar cual concurso de
memoria largas listas de números. Es así como se desestima la calidad del trato
médico-familia. No importa que entables un vínculo con el pacientito, importa
que evoluciones a los 10 pacientes y des todas las altas antes de las 12. No es
relevante que las evoluciones parezcan versos que no se condigan con el día a
día de los pacientes y que sean textos ininteligibles. No es relevante que
logres que el pacientito te invite a jugar con él, o que al irse de alta quiera
volver al hospital a saludarte y charlar con vos.
En este contexto efímero es en cual se mide y evalúa el
compromiso del residente.
Desde que ingresé a la residencia de Pediatría cada día me
siento un poco más lejos del pacientito. Al ir avanzando en las rotaciones me
doy cuenta de que el compromiso que se nos exige (en tiempo y cantidad de
evoluciones) es hacia la burocracia médica, nunca hacia el paciente.
Entonces, hago un minuto de pausa existencial, intentando
observar como quien mira todo desde afuera, y me doy cuenta de que aquellos que
se autoproclaman abanderados del compromiso, son personas a quienes
personalmente no me gustaría parecerme en ese aspecto. Personas que cumplen un
horario, que no se los ve felices con sus pacientes, que solo se los ve
apasionados al estar sentados en el office, a puertas cerradas, hablando
infelicidades de otros servicios y familiares de pacientes. No puedo admirar y
querer parecerme a alguien cuyo “gran compromiso con el paciente” no le alcanza
para animarse a ponerle la firma a una evolución, ni a las evoluciones de
semanas de internación. No puedo admirar a personas que no dejan de mirar el
reloj ansiosos de que la aguja chiquita llegue al 12 y entonces estén habilitados a salir corriendo. No puedo admirar a una persona que al hacer lo que
supuestamente ama, no sea capaz de transmitirte ese amor y no te inspire a
amarlo también.
El día que conozca a un adulto que NO sea una decepción, ese
día voy a creer en la adultez. El día que conozca a un superior que esté a la
altura de sus propias exigencias ese día voy a creer en el sistema. Hasta entonces
elegiré y defenderé una y otra vez, la niñez y la rebeldía.
sábado, 26 de agosto de 2017
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